Esas ridículas sufragistas y sus locos ideales.

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Seguro que últimamente os habrán bombardeo con el tema de los derechos de la mujer. Si todavía podéis tolerar un artículo más, dejadme que os cuente que se puede aprender del primitivo movimiento sufragista.

 

Del ridículo a la victoria.

La imagen que he elegido era tan graciosa hoy como ahora. Porque esas mujeres no tienen en la aspecto que como heroínas les correspondían. Parecían gente normal, como tu y como yo. Y estoy seguro de que tendrían sus dudas sobre el éxito, incluso la licitud de su empresa

Hace falta valor para pararse, tres mujeres solas, delante de todo el siglo XIX y decir “Aquí estamos nosotras, ¿qué os parece?”

Y lo que el siglo XIX pensaba no era siempre bonito. Las sufragistas fueron tratadas con paternalismo, desprecio y ridículo por la prensa. Recordadlo, cuando intentes hacer cualquier cosa grande que atraviese los convencionalismos, o se “apiadarán” o se burlarán de tí.

El ridículo sirve para controlar.

Henri Bergson, en su libro, “La risa” habla sobre algunos de los significados de la risa. Uno de los más significativos es el control social de los comportamientos. Quizás parezca poca cosa ante la violencia -institucional o no- pero resulta que este tipo de risa es contagiosa, resulta impune y puede condenar al “infractor” al ostracismo. 

No es muy diferente a la escuela, una forma de “bullying” social destinado a defender o imponer el poder. Exactamente eso.

Así, que cuando veáis que los medios de comunicación se burlan de alguien, que le ponen en ridículo, sabed que no siempre serán bromas inocentes, ni ganas de echar unas risas.

Alerta.