El triunfo del aprendiz, o como salir de un apuro

Cortesia Simiant CC -by

Cortesía Simiant CC -by

Os pasará. Viene alguien y os “propone” una tarea para la que no estáis preparados. Miedo, angustia, dolor de barriga, ¿qué hacer? Tratáis de zafaros, pero es imposible: el experto está de baja y no quieren contratar a nadie, en la empresa no aceptan un no por respuesta y las técnicas de la semana de cuatro horas no te han funcionado.

Os lo creáis o no, para mí, esto son recuerdos del seminario.

Preparar una misa es sencillo… para el monaguillo de toda la vida. Pero el que no lo fue, de pronto descubre que hasta el último símbolo tiene su importancia; cada objeto tiene un nombre, un uso práctico y uno significado religioso. Además está el hecho de que lo que están allí, a diferencia de una iglesia normal, serán conscientes de cada uno de tus fallos.

Pues bien, supón que toca la misa de San Pitopato mártir, delante de la Hermandad de San Pitopato mártir, en el centenario de su fundación, que un alma caritativa te lo dijo ayer, y hoy estás buscando en internet quien fue el tal Pitopato…

Sencillo y Humilde

Estás dos palabras resumen el método del padre espiritual del seminario para salir de esos apuros. El eslogan tiene su gracia cuando te lo dicen -en una situación como la descrita- pero, pensando en ella, tiene mucha miga, veamos:

1.- Trata de evitar estas situaciones.

Para ello uno debe buscar formarse y seguir reciclándose en todas aquellas tareas que puede razonablemente prever le van a tocar.

Incluso negarse en redondo cuando sea imprescindible -eres enfermero y te encargan la labor de una cirujana; pues ni loco o secretario y te mandan comprobar una línea de alta tensión. (No os riáis que en estos tiempos de subcontratas).

Hablando de subcontratas, sí te es posible delegar, delégalo. Esta es precisamente la situación que debe ser delegada. Si uno es humilde, debe reconocer que no es la persona adecuada y decirlo.

Pero si no es posible evitarlo…

2.- Reúne información.

Siguiendo con nuestro ejemplo, lee alguna mini-biografía de San Pitopato, llama a alguna devota, aprende los símobolos de la hermandad.

3.- Planifica extensivamente.

A menos control, más planificación. Piensa en todo lo que puede salir mal.

4.- Pregunta, confirma que tu información es correcta.

5.- Averigua que es lo que se ha hecho antes e imítalo. ¿Habrá alguien puesto en internet otra misa de San Pitopato? ¿Tendrá alguien un vídeo? No se trata de reproducir miméticamente -y sin pensar– hasta la última letra; sino de buscar un modelo que sea fácil de adaptar.

6.- Reduce los riesgos. Cuando uno no domina la materia debe seguir las reglas de forma rígida. Sí, Goya se salto las convenciones artísticas de su tiempo, pero es que él era un maestro, no un aprendiz.

7.-Recuerda, mejor parecer tonto que serlo. A veces tenemos miedo de aparentar no saber. Lo cual es comprensible, pero la única forma de salir de esa situación es conseguir información y, a veces, la mejor salida que hay es preguntar.

¡¿Cómo, es que un seminarista no conoce a San Pitopato?!

Pues no… 

Sencillez en la planificación, sencillez en la ejecución

Lo bueno de ser seminarista es que en la misa, como mucho, te pueden pedir que le sostengas la mitra a un cardenal o leas la segunda lectura, pero el protagonista siempre será un cura.

En otras circunstancias, cuando uno además de planificar debe ejecutar, debes ser tan sencillo en la ejecución como sea posible.

Digamos cantar en público o “nunca debía aceptar esa apuesta…”

Siguiendo mi consejo digamos que has escogido una canción muy sencilla, de notas normalitas, ritmo medio y letra fácil. La has ensayado hasta que suena medio decente. Ahora te toca cantar, ¿es momento de salir con una improvisación?

No.

No esperéis grandes aplausos.

Con este método no se pueden lograr grandes victorias. Tampoco es lo que se pretende. Estas situaciones, vuelo otra vez a repetir, deben evitarse como la peste.

Pero si ocurren recordad que vuestro objetivo es hacer algo decente, algo que no se note mucho, por lo malo. Si lo conseguís aplaudíos vosotros mismos y tomad esa situación como un aviso de que necesitáis más preparación.

 

¿Te has visto en alguna situación parecida?

¿Tienes algún consejo que dar?