Oliver Twist vive. 1ª Parte. El poder de la compasión.

Cortesia closelyobserved.com CC -by

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En realidad, de no haber sido por un cobrador de peajes de buen corazón y una benevolente anciana, […]  [Oliver] hubiera, con toda seguridad, caído muerto en la carretera real. Pero el cobrador le dio una comida de pan y queso; y la anciana, que tenía un nieto naúfrago vagabundeando descalzo en alguna parte distante de la tierra, tuvo compasión del pobre huérfano, y le dio todo lo que podía permitirse – y aún más – con tanta amabilidad y dulces palabras y tales lágrimas de simpatía y compasión, que se hundieron más profundamente en el alma de Oliver, que todos los sufrimientos que había soportado. Oliver Twist, de Charles Dickens, fragmento traducido por un servidor.

Por lo que puedo recordar esta es una de las primeras veces en que Oliver recibe genuino amor. Ese cobrador de peajes y esa anciana parecen sólo una nota al pie en la larga novela de Dickens. En muchas de sus aproximadamente 15 adaptaciones al cine estos dos benefactores no aparecen. Una pena; mira lo que suponen para Oliver Twist: Vida y aprender la amabilidad, la simpatía y la compasión: la primera derrota del diablo en la vida de Oliver. (Es que le tengo ganas al tipo del tenedor grande).

Me refiero a que Oliver iba a morir en esa carretera a Londer. Es más, ¿tienes alguna idea de los primeros sufrimientos de Oliver? Todas y cada una de las películas que he visto se olvidan de alguna. Incluyen: malnutrición, violencia, pobreza, hambre, injusticia, privaciones, ser vendido, encerrado, humillado, dormir en los ataúdes… Dickens al usar esos símbolos narrativos nos está dando una pista: este niño está condenado a morir tempranamente en cuerpo y alma. Pero hay muchos giros (“twists”😉 ) en la historia:  la gente buena que interviene. Todo ese sufrimiento había calado profundamente en el alma de Oliver, pero menos que la amabilidad de aquel cobrador de peajes y de aquella anciana que no reciben si quiera un nombre.

Esta es la naturaleza de la victoria de la bondad. Sola, fuera del alcance de ojos curiosos, relegada de los noticiarios, en el seno de la oscuridad, meciéndose en la fría brisa, la danzarina lucecilla de la vena ha vencido.

¿Y sabes una cosa? Esa anciana y ese cobrador de peajes son reales. Estoy seguro que Dickens encontró a más de una.  Yo también.  Tendrán otros rostros, edades, o profesiones, pero seguro que todos conocemos alguno.

Y ahora, sé tu lo mismo. Se esa amabilidad más profunda que el sufrimiento. No tiene porque ser un niño abandona. No tiene ni porque ser siquiera una persona. Basta que sea un otro, otro que ser distinto a tí. Cuando la oscuridad parezca reina, sé esa luz valiente sobre el rocío y la escarcha.

(Porque te lo advierto, es difícil. Esa anciana dio todo lo que tenía y más. Con esa ambición están hechas las hazañas).