Dulce símbolo (a lápiz) de victoria.

Lo confieso y lo admito. Esa marquita en forma de v estirada a la derecha me tira. Porque cuando con ellas marco un item de una lista de tareas me siento muy bien. Hecho. Completado. Victoria.

El éxito, tal como argumenta David Allen en “Organízate con eficacia” es una excelente motivación. ¡Ah! si mis profesoras hubieran sabido el arcano poder que esos cuadraditos ejercen sobre mí… Porque, ¿sabes? cuando uno ha acabado la jornada, y contempla esas casillas completas, se siente un cierto amor propio, la fantástica alegría del deber cumplido.

O el espectro del fracaso. Puedes engañar a tu jefe, a tus colegas e incluso a tí mismo, pero no a esas casillas vacían. Te acusan: “vago”, te suplican “no me dejes para otro día”, te anima “aún me puedes completar”.

¿O qué crees que estoy haciendo casi a las diez de la noche?

Y así, con el viejo sistema del palo y la zanahoria, me motivan a completar mis tareas. Creo que a tí también te pueden ayudar. Así que anota las pequeñas cosas que tengas que hacer, justo con su casilla, y completálas. Pero cuidado… harán que te pongas las pilas.